Dos males sin remedio…

JUL, 26, 2020 | - Por ALFONSO ESPIN MOSQUERA

Cuando pensamos en el Coronavirus, las víctimas mortales y las circunstancias sanitarias que tienen abarrotadas a las principales casas de salud del país, a ciencia cierta nos enfrentamos a algo más grande de lo que imaginamos.

Vivimos en zozobra y al asecho de un mal que cada vez se aproxima más. Cada día nos enteramos de amigos cercanos y familiares contagiados, como que el círculo se va cerrando y se acerca inevitablemente a nosotros.

La salud y la vida son los dones más preciados del ser humano; sin embargo, hoy por hoy, son una situación sobre la que no tenemos control.

En medio de este caos surgen debates sobre la cura, desde pócimas vegetales hasta investigaciones de famosos laboratorios y experimentaciones de vacunas en voluntarios, mas el encierro parece ser el único norte para impedir el mal y; sin embargo, la enfermedad está a la cacería de nuevas víctimas.

No se sabe por dónde viene ni el momento, es algo así como la sentencia de bíblica que habla sobre la muerte y nos conmina a estar preparados porque no se sabe ni el día ni la hora.

En este escenario desolador y desesperante, los noticieros de los medios de comunicación tienen dos grandes temáticas: las cifras en aumento del Covid 19 y para variar: los delitos por delincuencia organizada, por peculado, por asociación ilícita, de una cantidad de políticos, varios de ellos “padres de la Patria”, esos que se pasearon pidiendo votos por el país entero, que se las daban de honestos y se rasgaban las vestiduras con la palabra corrupción. Esos, los asambleístas, ex ministros, expresidentes, ex alcaldes, ex prefectos; en fin, esos que tienen fuero de corte, asesores como dedos de las manos, carnés por falsas discapacidades, buenos sueldos, prebendas a montón, mesas servidas, joyas en las manos y voces altisonantes e imponentes.

Dos males gravísimos: el Coronavirus y la corrupción. Del primero no se salva el mundo entero, es una pandemia y del segundo, no nos salvamos los ecuatorianos. Es una tragedia nacional en la que se disputan liderazgos los indeseables lobos de la política, muchos de los cuales siempre están “vigentes”, sea el gobierno que sea, los que cada elección se visten de ovejas para engañarnos con sus caras de suela, hasta cuando logran el favor del voto popular y ahí sí sacan las garras y quintuplican geométricamente sus “inversiones” de campaña, y entre testaferros, cómplices, familiares y las más creativas y voraces formas de delinquir, se cargan con el santo y la limosna.

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