Culipandeando

AGO, 03, 2020 | - Por MANUEL CASTRO M.

La existencia de las categorías de izquierda y derecha es ambigua, insuficiente, pero existe. Ventajosamente, pues el inmovilismo de la derecha y la aventura revolucionaria de la izquierda radicales, no han sido las mejores soluciones para los países, pero esas tendencias se cuidan y se limitan para no perder el fervor popular. Existen también los conservadores pero, como alguien decía, son buena gente que sabe que su causa está perdida. También hay comunistas sobre todo en los cafés y dentro engañosos gobiernos populistas. Le preguntaron a un ciudadano ruso, antes de la caída de la URSS: ¿Por qué no fuiste a la última reunión del Partido ¿ Y respondió: ¡Si sabía que era la última iba!

En el Ecuador, con la cercanía de las elecciones, hay una actitud que siempre aparece: el culipandeo. Palabra castiza, que significa astucia para ir de un extremo al otro, en suma veleidad política. Vulgarmente, el origen de la palabra es: Mover la nalga de un lado al otro. Se preguntan los expertos en culipandear: ¿Otto o Lasso o Alvarito? Y se arrejuntan a ambos con más decisión al que creen va a triunfar, así no les guste o que al país no le convenga.

Lo cierto es que, con tantas decepciones, no hay pasiones ideológicas, ni utopías o sea aquellos sueños que convierten los imposible en posible, luchando por ello, lejos de la indolencia e inmovilidad. Los jóvenes culpan a las generaciones anteriores de nuestro atraso, corrupción, pero lo que han aprendido de esas generaciones es lamentablemente solo las malas artes. Como dice Wilde: “Mantener una mala fama es más costoso que mantener una buena”. Energía juvenil desperdiciada entre el reclamo y el vivir apegados al celular.

Los que no culipandean son los correístas –dueños de un pasado que duele- y los dirigentes indígenas, son firmes en su racismo y oportunismo (sueñan en la impunidad). Su pecado: No se preocupan del Ecuador integral.

El compromiso de sacar adelante al Ecuador debe ser de todos. Claro que no habrá renunciamientos porque sobran los obstinados. Luego habrá arrepentimiento, y éste será siempre ‘indecente’, señores políticos y votantes.

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