Derechos humanos

AGO, 29, 2020 | - Por CARLOS FREILE

La dictadura de lo políticamente correcto sigue recortando derechos humanos en nombre de los derechos humanos. ¿Paradoja? No: Realidad ecuatoriana, producto de la malicia de unos, de la ignorancia de otros, del interés de los de allá, del miedo de los de aquí. En nombre de la salud se conculcan los derechos de los padres de familia a educar a sus hijos según sus convicciones; el Estado continúa en su papel de dispensador del bien y del mal, lo había comenzado en 1895, como si fuera la fuente de la ética y de los derechos; una normativa estatista, de corte totalitario, y en un régimen llamado democrático, otorga a los menores de edad atribuciones para las cuales no tienen madurez y quita a los padres el derecho de velar por la salud no solo corporal sino afectiva de sus hijos (y no toco la salud espiritual porque no voy a permitir que los laicistas de siempre se rasguen las vestiduras con sus negativas provechosas para ellos mismos).

Por si eso fuera poco, en nombre de la salud los inefables asambleístas despojan a los médicos de su derecho humano a negarse a ejecutar procedimientos lesivos a su conciencia, la cual les dicta que sus actos deben adecuarse a sus convicciones más íntimas y básicas. Al final de la Segunda Guerra Mundial fueron condenados los criminales de guerra nacionalsocialistas por haber ejecutado acciones contra la humanidad; ellos se defendieron aduciendo “la obediencia debida” a sus superiores y a la ley vigente en su país, pero fueron condenados por no desobedecer y cometer crímenes horrendos a los que en conciencia debieron negarse. Ahora el mundo y nuestras leyes obligan a los médicos a rechazar su conciencia. Pero el mundo no se da cuenta, es un decir sarcástico, que hoy propicia lo que ayer condenó.

Desde esta modesta columna vaya mi aplauso solidario a los poquísimos asambleístas valientes que votaron en contra, mi condena sin atenuantes a quienes apoyaron el peregrino código y mi radical desprecio por los que se abstuvieron, incapaces de decir sí o no, en un cobarde intento de navegar entre dos aguas.

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