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Ecuador, bajo la sombra del hambre; un reporte

AGO, 31, 2020 |

DIETA. La falta de comida no es el único problema; más grave en el país es la falta de nutrientes en la dieta cotidiana.

Estos fenómenos van de la mano y ninguna política pública ha logrado resolverlos de forma sostenible.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el hambre como una sensación física, incómoda o dolorosa provocada por el consumo insuficiente de energía alimentaria.

En Ecuador, 1,5 millones de personas padecerían esta sensación pues viven en pobreza extrema. A este número se sumar, según un comunicado de la Vicepresidencia de la República, 800,000 personas más que, debido a la pandemia, tendrán dificultades para acceder a alimentos.

Van de la mano

Ney Barrionuevo, director del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (Rimisp) en Ecuador, señala que la malnutrición y la pobreza son fenómenos que van de la mano.

Solo el 50% de familias ecuatorianas tiene acceso a una dieta nutritiva.  “No solo que se interrelacionan y son interdependientes, sino que se refuerzan mutuamente (…) solo se podrán resolver de manera sostenible, de manera conjunta”, agrega Barrionuevo en su artículo ‘Hambre y pobreza en Ecuador, dos caras de la misma medalla’.

Es la mitad de la población

José Amores, nutricionista, indica que la falta de acceso a una alimentación adecuada es provocada por diferentes factores como falta de servicios básicos, acceso limitado a variedad de alimentos y la pobreza.

Amores cita que el estudio ‘Cerrando la brecha de nutrientes’ realizado por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) determinó que solo el 50% de las familias ecuatorianas tiene acceso a una dieta nutritiva.

Y es que para el experto existe una mala interpretación de una dieta correcta: “El pensamiento común es que la gente del campo está mejor alimentada, lo que pasa es que su dieta es energética pero no nutritiva”.

La ‘dieta del campo’

La diferencia es que una dieta energética contiene productos para saciar el hambre: papa, arroz, yuca, fréjol. Mientras que una dieta nutritiva tiene proteínas, grasas, lácteos, legumbres, hortalizas, frutas y cereales.

El cálculo realizado por PMA es que una dieta energética cuesta $2,50. Mientras que la nutritiva implica un gasto de $8,60.

La organización advierte que, después del tabaquismo, la dieta inadecuada es el segundo factor de mortalidad a nivel mundial. También señala que la denominada ‘comida chatarra’ gana cada vez más espacio y quienes más la consumen son los adolescentes.

Sin política sostenible

La vicepresidenta María Alejandra Muñoz indicó, durante un recorrido por un comedor comunitario de Guayaquil, que el impacto del coronavirus a la estructura social y económica coloca al país en mayor riesgo de inseguridad alimentaria. Por ello anunció que, bajo el enfoque de ‘Círculo de Hambre Cero’ realizará varias estrategias de intervención inmediata.

Entre las acciones está la implementación de  comedores comunitarios que los conformarán líderes zonales con apoyo de organizaciones internacionales.

Muñoz señala que buscarán alianzas con organizaciones y empresas que puedan “apadrinar” estos espacios. 
 Otra de las decisiones es enfocarse a erradicar el desperdicio de producción local. Una opción, señala Amores, son los bancos de alimentos.

Problemas de crecimiento

Hasta 2017, según datos del MIES– en base a un informe del monitoreo del estado nutricional de los niños, a escala nacional, – habría una prevalencia de 20,1% de niños con baja talla para su edad (la mayoría en Chimborazo) a nivel nacional. Eso quiere decir, aproximadamente 40,000 menores. 

La OMS señala que unos 155 millones de niños menores de 5 años (la mayoría de países de ingresos bajos y medios) tienen atrofia, es decir que son demasiado bajos para su edad y la malnutrición es una de las principales causas. (AVV)

INFORMACIÓN. Una campaña de planificación familiar debería implementarse e insistir en la importancia de la lactancia materna.

Medidas paliativas, única respuesta política

Los anuncios sobre erradicar el hambre no son nuevos, dice Verónica Legarda, coordinadora nacional de abogacía en Aldeas Infantiles SOS. “Ecuador tiene una deuda sobre erradicar la desnutrición, de más de 10 años”, añade. 

La realidad es que el Estado no ha consolidado la política pública en torno al hambre, desde 1986, cuando enmarcó a la desnutrición infantil como un problema de salud pública, pues, en ese entonces, el 41% de los infantes de entre 0 y 5 años presentaban malnutrición

Entre 1990 y 2011 el índice bajó a 24%, según el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES). Actualmente, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) indica que el índice está en 25%. Es decir que, en 29 años, la brecha no ha disminuido.

“No atender a la primera infancia ahora tendría un costo elevado más adelante”, dijo Joaquín González-Alemán, representante de Unicef, durante un diálogo en el marco de la Convención sobre los Derechos de los Niños, que en 2019 cumplió 30 años.

Legarda detalla que, actualmente, esta problemática impacta en mayor volumen a los menores de cinco años, lo que causa problemas cognitivos y de aprendizaje que pueden ser irreversibles y que, a futuro, les cierra las puertas en el mundo laboral.

La última encuesta de salud y nutrición en Ecuador se realizó en 2018. Según cifras del Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos (INEC), 325,000 niños y niñas tienen desnutrición crónica en el país. Esta tendencia iría al alza, asegura Legarda, debido a la crisis ocasionada por la pandemia.

La experta sostiene que tanto los comedores comunitarios como los ‘kits’ de alimentos, representan medidas paliativas que no cortan el problema de raíz.

Es poco probable que Ecuador alcance sus metas de desarrollo sostenible al 2030, lo cual evidentemente se agrava con la pospandemia”, Verónica Legarda, coordinadora nacional de abogacía en Aldeas Infantiles SOS.

¿Cómo romper el círculo?

Una política de desarrollo comunitario que asegure empleos en las zonas rurales, apuntaría a asegurar la disponibilidad de ingresos de todos los hogares y, a la vez, mitigaría la migración a las urbes, que es una de las causas que incrementa la pobreza en las ciudades.

Fallas en la educación

El problema es estructural. “Implementar políticas y programas de educación a los progenitores; vemos que una de las principales problemáticas que repercute en desnutrición infantil es el bajo nivel educativo de los padres”, dice Legarda.

El valor de la canasta básica en Ecuador es de $717,14. El salario básico unificado es de $400. El ingreso familiar (asumiendo 1,6 salarios), es de $640.  También por falta de educación, gran parte de la población desconoce la importancia de la lactancia materna. “Esto pasa porque no hay un adecuado seguimiento posnatal de las madres”.

Tampoco hay bancos de leche disponibles para toda la población. “Eso es algo que debe asegurarse desde el Estado”, dice Legarda.

La funcionaria de Aldeas SOS recomienda programas de planificación familiar, visitas puerta a puerta impartiendo información a la comunidad, sobre cómo generar dietas balanceadas con productos de la zona.

Bancos de alimentos

Los bancos de alimentos, agrega Legarda, serían funcionales siempre que trabajen de la mano con comunidades, principalmente las más afectadas por el hambre. Según el INEC la provincia con la tasa más alta de desnutrición infantil es Chimborazo (24 de cada 100 niños).

24 de cada 100 NIÑOS  en Chimborazo sufren de desnutrición.La desnutrición en el país se ubica principalmente en zonas rurales de la Sierra. Mientras que en la Costa hay tasas elevadas de obesidad, este es otro de los indicadores de mala nutrición así como la baja estatura con relación a la edad.