DISCULPARSE, ¿DIFÍCIL?

SEP, 27, 2020 | - Por FABIAN CUEVA

Consumado está. La alegría patria amplió la magnitud del resultado de ‘Sobornos 2012-2016’  llamándolo ‘el juicio del siglo’ y al que la ciudadanía debe vigilarla hasta su total cumplimiento.

La Constitución y la motivación legal respaldan, nos hablan de derechos y  de la obligación protagónica en la toma de decisiones políticas públicas que estimulen el sentido crítico de sus habitantes y de la formación educativa de los mismos.

El ofrecer o mejor pedir disculpas públicas por parde de los condenados, se ve distante y hasta útopico, especialmente por ciertas personas, que aunque han perdido la confianza pública por sus faltas de ratería comprobadas, sus egos elevados de poder y de negación enfermiza les impedirá. Sin embargo, para quienes mantenemos abiertas las heridas colectivas y nos duele la patria, recién comienzan acciones concretas.

Hay dos autoridades que deben adelantarse por ‘voluntad propia’ a enrumbar el cumplimiento de una parte de la sentencia “pedir disculpas públicas”: el Alcalde de Quito y la Ministra de Educación, funcionarios que tienen la oportunidad de deslindarse del Karma, el haber colaborado con acciones durante el gobierno del organizador del delito.

El primero, convocando a un Cabildo Popular, Cívico o Abierto, ya creado por ordenanza,  para que a través de su mesa de Democracia Participativa organice y difunda totalmente un evento, en fecha, escenario, drama y  actores populares; y, la autoridad educativa, autorizando y coordinando la concurrencia virtual de todos los estudiantes con la ayuda de los medios de comunicación. ¿Difícil la tarea?

Y no hay que esperar tanto, ni como el Papa Francisco que pidió disculpas después de centurias por las torturas de la ‘Santa Inquisición’, tampoco como Angela Merkel por los daños ocasionados en la segunda guerra mundial o como Barack Obama por la criminal bomba atómica en el Japón.

Esta debería ser propuesta ciudadana, sin odios ni resentimientos, ayudando a la justicia y   combatiendo los delitos que nos agobian.

Fabián Cueva Jiménez

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