Lo no tolerable

SEP, 28, 2020 | - Por MANUEL CASTRO M.

La tolerancia casi se ha convertido en una religión, por ende a sus creyentes -casi todos- no se les debe discutir. En verdad la tolerancia es una virtud, pero totalmente teórica, pues es la actitud de la persona que respeta las opiniones, ideas o actitudes de los demás personas, aunque no coincidan con las propias. Más, la tolerancia no es el acatamiento a los actos u acciones ilegales o faltas de ética. Se tiene que ser intolerante con las injusticias, las desigualdades, los prejuicios raciales, sexistas o políticos, o actos físicos que atenten de hecho contra el ser humano.

Ninguna palabra es inocente y su uso más suele decir sobre las intenciones de quien la emplea que del objeto que busca describir. Hoy se quiere exigir que seamos tolerantes con los intolerantes, por ejemplo con ciertos “revolucionarios” que se creen dueños de la verdad. En el Ecuador, Venezuela, Nicaragua se les llama a sus gobiernos “populistas” para no decirles lo que son o  han sido (Correa en el Ecuador): comunistas, cuya ideología en la práctica ha fracasado (Unión Soviética y satélites), China, Cuba. En Argentina sigue vivo el fascismo peronista.

Cerca de las elecciones el correísmo aspira al poder. Mal se puede tolerar a quienes han robado y corrompido al país, en público y en privado. Han destruido, lo que es más grave, la fe del ecuatoriano y de sus pensadores, que no ven un futuro promisorio sino la ruina o el lento avance del país al progreso, a la educación y a la ciencia. Creo que hay el derecho a ser intolerantes con los intolerantes o con los que consideran que todo está perdido, cuando la lucha por los auténticos valores deberá ser permanente.

Los intolerantes, comunistas y fascistas no tolerarán y fastidiarán a un gobierno que aspire a ser democrático. Desgraciadamente nuestra Constitución Política no establece que somos un  Estado de Derecho,  sino que permite la violencia, la falsa protesta pacífica, que no abona el fin de las injusticias sociales,  ni garantiza el imperio de las leyes apoyadas en la ética. No  se debe permitir que los intolerantes nos saquen de quicio y obtengan miles de votos.

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