Río...luego pienso

OCT, 24, 2020 | - Por FABIAN CUEVA

No todo lo triste nos hace llorar, también nos hace pensar. Quino o Joaquín Salvador Lavado: introvertido, irónico, inconforme, inteligente, se ausentó. Su lápiz y dibujos dejaron discursos cortos, profundos y mordaces, elaborados desde una óptica singular a una sociedad y mundo absurdos.

Con Mafalda, la contestaria, como la llamó Humberto Eco, surgieron otros: Manolito,  materialista; Felipe, soñador; Susanita,chismosa; Miguelito, inocente; Guille, sentimental; y, Libertad, revolucionaria, características humanas, que nos llevaron a reír y…luego a pensar.

Satanizó a todo lo irracional del mundo: político, económico, social, ecológico; institucional: burocracia y hasta a personajes  poderosos.

Con franqueza inquebrantable nos puso a recapacitar: “No nos faltan recursos, nos sobran ladrones”; “no robes, el gobierno odia la competencia”; atreviéndose a consultar: “Papá, crees que si tiramos a todos los políticos al mar, el océano soportará tanto nivel de contaminación?;y, ya pidió: “la vacuna contra el despotismo y la corrupción”.

Sobre educación: “vivir sin leer, es peligroso, porque te obliga a creer en todo lo que te digan”, “de tanto ahorrar en educación, nos hemos hecho millonarios en ignorancia”; “¿no sería hermoso  si las bibliotecas fueran más importantes que los bancos?” y para actores educativos: “un modelo caracterizado por transmitir verbal  y repetidamente conceptos”; irónicamente a los maestros: “ hay que soportarlos todos los días …un año entero, por su rigidez y monotonía”; y, a los fanáticos politiqueros: “El problema de las mentes cerradas es que siempre tienen la boca abierta, porque es mala educación hablar con la mente vacía”.

En 2014 en un artículo inserté a Quino: “No creo que mis dibujos sean aquellos que provocan carcajada, se trata de meter el bisturí, antes que hacer cosquillas”, aunque, Nietzche diga: “el hombre sufre tan terriblemente en el mundo, que para olvidar se ha visto obligado a inventar la risa”.

 Aplausos a Quino, amerita releerlo, nos hizo reír… pensar, ojalá rectificar.

Fabián Cueva Jiménez

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