Charlatanes en auge

NOV, 16, 2020 | - Por MANUEL CASTRO M.

En forma pícara, pero sin eludir la realidad, se dice que Dios ayuda a los perros, a los borrachos y a los Estados Unidos, porque a pesar de sus irresponsabilidades no les sucede nada grave.

Un analista observaba que a ese país le iba bien con un buen presidente (Washington, Lincoln, Kennedy, Roosevelt), con un mal presidente (Bush hijo) y hasta sin presidente (Ford o Carter). Pero jamás nadie se imaginó que tendría un presidente autoritario, racista, dado a la mentira, enemigo de la prensa, enemigo de los inmigrantes en un país de inmigrantes, antisistema donde funcionan las instituciones. Pero con su tradicional suerte se librará de tal personaje a partir del 20 de enero de 2021, si Dios le sigue ayudando.

Se argumenta que existen 70 millones de americanos que viven cautivados por Trump, lo que no es exactamente cierto. Lo que existe son millones de ciudadanos con miedo, furiosos, hartos de la política y de las inequidades, que hábilmente Trump cautivó con su charlatanería.

Esto sucede en todo el mundo, acentuado en Latinoamérica por sus niveles de pobreza, injusticia social e inequidades (como en Chile), frente al desasosiego y a la inmovilidad de sus sistemas de gobierno democráticos.

Entonces, han surgido charlatanes de categoría como Fidel Castro, aunque su país vive de tumbo en tumbo por su atrasada ideología socialista. Venezuela, rico país que subsiste en la miseria sostenido por el narcotráfico, la represión y un dictador como Nicolás Maduro, de escasas luces. Nicaragua, una atrasada hacienda socialista de ‘propiedad’ de Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, sanadores y empobrecedores a pretexto de sandinistas. Aún Rusia tiene un zar eterno, exespía de alto nivel, cuando sus revoluciones fueron para librarse del zarismo opresor.

La solución democrática no es salir a las calles, no es la violencia ni las redes sociales insidiosas, que no producen prosperidad y justicia, sino hacer política decente, participar, sobre todo los jóvenes, en los partidos políticos. El desdén o indiferencia son inútiles armas.  

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