¡Qué vergüenza de país!

NOV, 28, 2020 | - Por CARLOS FREILE

Los viejos hemos amado con profundidad y constancia a nuestra Patria, pero ahora no cabe otra postura que sentir una honda vergüenza por ser parte de este país infecto.

Pruebas al canto: No se cumplen las leyes para la habilitación de candidaturas, alguien presenta documentos falsos, o pretende inscribirse fuera del plazo legal, saltan jueces a defender presuntos derechos, sin percatarse de que también existen deberes concomitantes y es su obligación exigir su cumplimiento a todos, también a los amigos.

Unos cuantos expresidentes extranjeros metiches se atreven a criticar a la justicia ecuatoriana y casi nadie reclama, tan solo la digna voz de Simón Espinosa los tilda de atrevidos; los demás cierran la boca en silencio cobarde y calculador.

La Asamblea censura a María Paula Romo (que no ha sido santa de mi devoción) por haber tratado con medios insuficientes de frenar la barbarie del octubre rojo; varios miembros de esa corporación votan a favor de la censura por cobardía y cálculo; algún escritor de opinión, generalmente muy lúcido, critica a la exfuncionaria por haber actuado movida por cálculos políticos, ¿y qué esperaba de una política, que se mueva impulsada por la filosofía estoica? Hace un año hubo, como es notorio a todo ecuatoriano que no sea sordo, ciego y mudo, incendios de edificios públicos, destrucción de propiedad privada, llamadas a la subversión, uso de armas de fabricación artesanal, insultos descalificadores a las autoridades que nos gobiernan elegidas por el pueblo... Y, todos los culpables, no solo pasean orondos sino que reciben el premio de la destitución de María Paula Romo y van por más.

Alguien escribía hace algunos años que el Ecuador debe “hacerse una limpia” (superstición en la que no creo para nada); hoy debemos exigir que se dé un buen baño de cordura y honradez para lavarse tanto excremento, segunda piel ostentada como si fuera síntoma de excepcional grandeza y servicio a la Patria. Servicio sí, pero higiénico, necesitan varios de los figurones y figurines de nuestra miserable escena llamada democracia.

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