Periodismo con camiseta

DIC, 19, 2020 | - Por CARLOS FREILE

A los pocos meses de iniciada mi colaboración con este diario, uno de los altos directivos me dijo, en presencia de varios colegas: “En ocasiones estoy totalmente en contra de lo que usted escribe, pero jamás voy a impedir que se publique”. Allí radica la esencia de la tolerancia dentro de un medio de comunicación, cada columnista tiene su visión del mundo y de la política, la economía, la sociedad; aunque el medio tenga una línea oficial no coarta la libre expresión de las ideas. Mi admiración y respeto por el ilustre caballero crece con el tiempo cuando veo lo que ahora pasa.

Esta reflexión me ha venido a la cabeza al constatar la rigidez partidista de un sinnúmero de medios a nivel mundial. Se trata de las elecciones en los Estados Unidos.

Varios asuntos de profundo interés y peso no han sido ni tocados por esa prensa con camiseta. Solo se publican las noticias que favorecen a uno de los candidatos, se despide a columnistas que han expresado opiniones diferentes a las sostenidas a rajatabla por el medio. No solo eso, en ocasiones se publican noticias tergiversadas o directamente falsas, en pocas palabras se miente con desfachatez.

Se suele decir que una media verdad es una mentira completa, ¿cómo catalogar al silencio total sobre un aspecto de la realidad? En referencia a las elecciones mencionadas: el gran público no se ha enterado de un sinnúmero de irregularidades probadas y documentadas. O se le ha informado de algunas trapacerías de una persona cercana al candidato ganador después de finalizado el proceso electoral.

Aquí ya no se trata de opiniones de columnistas sino de ocultamiento perverso de hechos que repugnan a quienes defienden la democracia. Cada vez es más cierto que no se vota por personas reales, sino por muñecos de paja, fabricados por expertos en mercadeo y propaganda, que venden imágenes fraudulentas a millones de cándidos lectores o telespectadores.

 En política la realidad no existe, solo existe la imagen que los poderosos quieren que tengamos de ella. Y muchos, ingenuotes, creen fielmente en sus mensajeros.

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