Evitemos la cultura del odio

ENE, 11, 2021 | - Por MANUEL CASTRO M.

Las discusiones y actuales enfrentamientos, algunos peligrosos y de pésimo gusto, giran en torno al género o sexo (que tantas alegrías ha dado y que nos permite además estar transitoriamente en este mundo), a suprimir la historia, a empobrecer la lengua, a poner en duda la libertad, a negar la naturaleza y a proponer el odio. Tanto dislate surge de lo que se llama pos verdad y todo esto que parece absurdo surge de un intento pseudo filosófico: La idea es más verdadera que la realidad.

Los que mantienen tales criterios se denominan progresistas. Las feministas extremas tienen como principio: “Los hombres son una basura”. A una dirigente se le preguntó: ¿Y también su padre? Ella contestó: “Él ya está muerto, además es solo un eslogan para defender los derechos de la mujer siempre conculcados por el patriarcado”. Y el que opine lo contrario es enemigo de la mujer, de sus derechos. Así se destruye la libertad de no coincidir con tales progresistas.

Se intenta destruir la historia para reescribirla a voluntad. En los regímenes totalitarios se refunda un país, se escribe su historia al antojo de los detentadores. Existe el mito de Fidel, del Che Guevara, de Chávez, inventado por sus áulicos. En el Ecuador Correa intentó, a base de mentiras, escribir la historia del Ecuador, aunque sea mal y ridículamente. Ahora sus candidatos proponen cambiar las sentencias, que son historias judiciales ejecutoriadas.

Se llega a negar la naturaleza, pues ya no se nace hombre o mujer, porque culturalmente eso es inaceptable. El mayor enemigo de esa dictadura cultural es el pensamiento y la evidencia.

Y se propone el odio: se detesta a quien confronta sus posiciones. Se logra abolir la verdad y así se justifica el despotismo, la anarquía, la supresión de valores y lo curioso es que se suprime hasta la “duda” que en veces está más cerca de la verdad. Es el monopolio cultural de los “progres”estructuralistas, personajes que cuando llegan al poder medran de sus delicias. Y al final ahítos de placer repiten: !Todo lo demás es literatura!

Y la manga de ingenuos, como dice Mafalda, aumenta.

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