Esperanza

FEB, 13, 2021 | - Por CARLOS FREILE

Pareciera que el subconsciente atávico nos induce a devorar al enemigo, aunque no fuera de manera física, para apropiarnos de su fuerza, poca o mucha. Durante el gobierno de Moreno los políticos mostraron una enfermiza tendencia a no buscar el bien del país con tal de golpear al gobierno y así alcanzar réditos ante las masas.

Después de la decepcionante aparición de la presidenta del Consejo Nacional Electoral (con errores sintácticos incluidos en su alocución) fuimos testigos de los consabidos reclamos frente a las variantes en los resultados electorales. Pero al momento de escribir estas líneas se han dado indicios de que los dos candidatos que pueden alcanzar el segundo lugar podrían llegar a acuerdos positivos.

Esta conducta, señal clara de madurez, no solo da esperanza al 70% de ecuatorianos de derrocar al sistema de corruptela y prepotencia que ansía volver al poder, sino que nos abre la posibilidad de un nueva forma de hacer política, ya no desde los intereses personales o grupales, sino desde los nacionales. Es un lugar común citar la vieja frase dicha por alguien: “El político mira a la próxima elección, el estadista a la próxima década”.

Si ganara la desvergüenza populista ninguno de los otros candidatos tendría la posibilidad de presentarse a otras elecciones, de acuerdo a declaraciones del candidato que ocupó el primer lugar: de alcanzar la victoria detentarían el poder por sesenta años. A confesión de parte, relevo de prueba. Vendría el totalitarismo con su secuela de pobreza y desesperanza.

La mayoría de ecuatorianos felicitamos a Pérez y a Lasso por su apertura a dialogar, a aceptar los resultados. Los pedimos que sigan por ese camino, que unan fuerzas ahora y después; esa unión significaría que la batalla está ya en gran parte ganada. No vuelvan atrás, manténgase en el plano de estadistas patriotas, no caigan a la política ciega de las ambiciones estériles, no hagan caso de los extremistas y fanáticos.

COMENTA CON EL AUTOR

[email protected]