La mujer y la guerra

MAR, 15, 2007 |

Gracias al amigo, Carlos Rivera Veas, ha caído en mis manos una copia de un informativo impreso, que es una verdadera joya: El Provincial, de Quito, fechado el 25 de Mayo de 1822.

Y, a propósito de los homenajes a las mujeres, vale recordar un dato insertado en él, en su página 4, que dice: “ La Mujer y la Guerra”.- Una antigua cuarteta popular describe de modo muy gráfico la situación de la mujer durante la guerra, cuando los hombres marchan al combate: Pobre mujer del soldado, mucha lástima que dais.

El se va para la guerra y vos siguiéndole vais. Pero es posible que la participación femenina haya rechazado el día de ayer este papel más o menos pasivo de la soldadera o guaricha.

Sin confirmación, aunque de buena fuente, se comenta que uno de los heridos de la batalla de ayer no fue en realidad el soldado Manuel Jurado, como decía llamarse, sino la campesina de Babahoyo Nicolasa Jurado, cuya condición de mujer solo se evidenció al atender sus heridas.

Incorporada a filas para vengar la muerte de sus hermanos en 1812, la soldado Jurado estaría gravemente herida, temiéndose por su vida.
 
Siempre sin confirmación, se dice que el general Sucre, al enterarse de su condición, habría ido a visitar a la heroína y, con los ojos anegados de lágrimas, se habría cuadrado militarmente ante ella, como saludando a un superior jerárquico”.

No es posible la existencia nuestra y de todos los otros seres inmersos en el macro y el micro cosmo, sin pensar en la existencia de un supremo arquitecto que tuvo la visión fantástica de crear esa estela de astros a lo largo y ancho del espacio y en el nuestro, La Tierra, donde de entre todas las cosas y seres maravillosos de la creación, tuvo el acierto de crear a la mujer, complemento del hombre y matriz generadora de la raza humana.
Bendita la feminidad que es motivo y razón de nuestra existencia, malditos los hombres que no adoran a sus madres y en el peor de los casos, reniegan de ellas. ¡Cuán equivocado estamos!, cuando las catalogamos como el sexo débil, cuando pensamos que debe estar a nuestra sombra.

No puedo concebir que un hombre evite convivir, compartir con una mujer y mucho peor, que prefiera hacer pareja con otro hombre; esto es antinatura, una aberración, además que se pierden la más dulce gratificación que nos pueden dar las mujeres. Mi homenaje a ellas.

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