El 1 de mayo de 1886

MAY, 01, 2007 |

A mediados del siglo XIX comenzó a tomar fuerza el reclamo de los trabajadores y dirigentes progresistas, para cambiar las jornadas de trabajo, que en ese tiempo eran de 10, 12 y de hasta 14 horas.

El fin fue alcanzar las jornadas de ocho horas como es en la actualidad.
En 1884, la Federación de Gremios y Uniones Organizadas de Estados Unidos y Canadá, fijó el 1 de Mayo de 1886 como el inicio de una huelga general en favor de las ocho horas de trabajo, bajo el lema  “ocho horas para trabajar, ocho horas para descansar y ocho horas para el esparcimiento”.

Es posible que se haya elegido esa fecha por ser el 1 de mayo la fecha en que comienza el año de trabajo en América del Norte, por lo que se necesita contratar gran cantidad de mano de obra.

Dos meses antes del 1 de mayo, los dirigentes sindicalistas Albert  Parsons y August Spies, trabajaban en la persuasión de sindicatos locales para que apoyen los reclamos.

¿Por qué en Chicago?
Chicago reunía una enorme población de obreros industriales, con gran incorporación de inmigrantes europeos, que vivían en condiciones indignas y eran duramente explotados. Sus jornadas de trabajo eran de 14 y 16 horas diarias.
 
La situación social era explosiva y como muestra del alto grado de conflictividad, periódicos como el Tribune afirmaban que la prisión y los trabajos forzados eran la única solución para el conflicto social.

La gran movilización

El sábado 1 de Mayo de 1886 era un día normal de trabajo, pero multitudes de trabajadores se reunieron en la avenida Michigan de Chicago, para el desfile masivo en reclamo de las ocho horas diarias de labores.

A la cita también llegaron policías armados, agentes del cuerpo de represión y agentes especiales.

En Chicago desfilaron alrededor de 80 mil obreros y 340 mil en todos los Estados Unidos.

Las páginas de la historia también están pintadas de sangre, pues tras la concentración masiva de aquel recordado sábado, las huelgas continuaron durante esa semana y también la represión.

Tan grande movilización debió controlarse al mando de las armas.

Obreros y dirigentes fueron asesinados y según datos históricos, los dirigentes sindicalistas Parsons, Spies, entre otros, fueron ejecutados por haber sido acusados de conspiración para asesinar a un policía muerto durante las manifestaciones.