El poder entre aciertos y frustraciones

JUL, 03, 2007 |

Agricultor por herencia y constructor por convicción e inspiración, Guido Leonardo López Romero fue el tercer alcalde que tuvo Santo Domingo en el período1988-1992, y el primero nacido bajo este cielo (año1944).

Su preocupación desde siempre por el desarrollo de su tierra lo hizo vincularse cuando ya era profesional al partido político Izquierda Democrática, con el que logró llegar a la Alcaldía con muy buena diferencia frente a sus oponentes.

Consideraba que desde ese espacio podría lograr grandes objetivos de beneficio social.
Sin embargo, su campaña fue muy reñida frente a personajes muy destacados en el ámbito local: competían por la alcaldía Víctor Manuel Quirola, Galo Luzuriaga Riofrío, Nelson Rivadeneira y Vicente Álvarez.

Peligrosa anécdota

Entre los proyectos más destacados durante su mandato considera la construcción del Palacio Municipal como el de mayor relevancia, a pesar de que no lo pudo inaugurar en su periodo.

Su empeño se basó en que un cantón como Santo Domingo, a su parecer, requería de un edificio mejor acondicionado y más funcional para poder atender a los ciudadanos, como estos se lo merecen.

Debido al empeño que le puso a este proyecto le quedó la mayor anécdota, y no muy grata de su época de Alcalde: "Una vez estaba con las manos puestas en el balcón observando el avance de las obras en el parque desde el antiguo Palacio Municipal, me agaché un poco y pasó una bala rozándome la cabeza", recuerda López como si fuera ayer.

A pesar de que este incidente no pasó a mayores, empezó a valorar su vida mucho más y a agradecer a Dios por la bendición de estar vivo, sin dejar de hacer realidad los propósitos que comprometían beneficios colectivos.

"Construir el Palacio tuvo algunos opositores, entre ellos a quienes debió expropiárseles sus terrenos para hacer esta construcción, debido a que nadie quiso ceder voluntariamente", narró haciendo memoria López.

Frustraciones y aciertos

Gestionar y dejar aprobado, luego de haber hecho todos los estudios de falibilidad, el préstamo por 30 millones de marcos de la KWF del Gobierno para el acueducto de Santo Domingo lo considera otro gran logro frustrado, porque ningún sucesor de su cargo logró concluir este compromiso con el pueblo.

Sin embargo, concluir la construcción de la Terminal Terrestre, cuyas obras tenían casi 10 años en el abandono, lo considera otro de sus aciertos, aunque pocas personas reconozcan la importancia de ello, según menciona Heriberto Canelos en su libro ‘Poder Alcaldicio’.

En este mismo texto también se menciona que bajo el mandato de López se institucionalizó la Fundación Tsáchila, que estaba enfocada a gestionar obras de beneficio social para las comunidades menos favorecidas y que presidió su esposa por primera vez.

Adoquinar extensos sectores de la ciudad fue otra de sus tareas lograda con el apoyo del Ministerio de Bienestar Social y el Gobierno Provincial; así mismo, gestionó la pavimentación de importantes avenidas como la Quevedo, Tsáchila, Esmeraldas y Chone.

De su vida

Fue el segundo de entre nueve hijos nacidos en el hogar de Víctor López Santander, oriundo de San José de Minas, Pichincha; y de Isabel María Romero Romero, nacida en Piñas, El Oro. Hizo su primaria en la escuela Caracas de la ciudad y la secundaria en los colegios Salesiano Don Bosco y Montúfar en Quito.

Egresó como ingeniero civil de la Universidad Central del Ecuador en 1972 y en 1975 regresó a su tierra y se dedicó a su profesión. En 1977 se casó con una voluntaria del Cuerpo de Paz, de quien prefiere no hablar mucho, y con quien tuvo tres hijos que son su orgullo, y quienes una vez concluida su secundaria en Ecuador se marcharon por su propia cuenta a seguir su educación y profesionalización en Norteamérica, tierra natal de su madre, cuando ésta ya estaba divorciada de López.

Una vez llegó a ejercer su profesión se empleó con el Banco de la Vivienda y se encargó de la construcción de las casas en Los Pambiles. Concluida esta obra se dedicó a laborar de manera independiente.

La profesión

Cuando se graduó y empezó a ejercer su profesión de Ingeniero Civil existía muy poca competencia y escasos profesionales de su rama en la zona. Recuerda que para finales de la década del 70 había apenas siete ingenieros civiles, incluidos los que trabajaban en el Ministerio de Obras Públicas y en el Municipio.

Su empeño lo lleva a conformar el Colegio de Ingenieros Civiles de Santo Domingo para dar fortaleza al gremio, del cual fue su primer presidente entre 1978 y 1980.

Cuenta que su motivación para seguir esta carrera vino desde niño; recuerda que era muy inquieto y siempre le gustaba crear cosas, pero también influyeron los viajes en los que acompañaba a su padre, que trabajaba en abastecimiento, como proveedor de constructores de carreteras en varias partes del país.

Siempre preocupado por el desarrollo productivo inculcado por sus padres, se hizo de su propia hacienda y prosperó en el sector agrícola.

"Somos agricultores de ancestro, los padres de mi padre, los padres de mi madre y me siento orgulloso de eso", mencionó López.

Hijos
Su orgullo

Andrés, de 27 años, es arquitecto
Marla, de 26 años, es economista
Jennifer de 24, estudia Ciencias Políticas y lenguas.

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