La razón sometida

JUN, 25, 2020 | 00:02 - Por Rodrigo Contero Peñafiel

Todas las personas somos diferentes. Los seres humanos tenemos un marco conceptual por el que podemos concebirnos a nosotros mismos, hacernos preguntas sobre el sentido de la vida, tener consciencia, pensar, razonar y decidir; por tanto, es un acto de elección. Hacerlo o no depende de nosotros que ostentamos el concepto de humanidad. Mientras los seres humanos tenemos la idea del tono o color que miramos, los animales tienen la capacidad de percatarse a sí mismos, percibir objetos de colores, distinguir personas individuales, pero no están en capacidad de razonar.

El psicoanálisis considera que los seres humanos somos marionetas manejadas por los instintos, el conductismo nos ve como una máquina de estímulos y respuestas; pero, no tienen en cuenta nuestra mente activa y conceptual que nos concede autoconocimiento y destreza para razonar. Las personas podemos regular y configurar nuestra conciencia para alcanzar metas y objetivos; la mente no funciona de manera automática, estamos hechos para pensar y tener autoestima. Por eso, cuando se actúa instintivamente se anula la razón.

Si la conciencia se esclaviza, las personas se vuelven insensibles e irritables, van terminando con su capacidad de razonar y terminan odiándose a sí mismas. Cuando se pierde la función psíquica del pensar, se termina con la capacidad y responsabilidad de resolver los problemas que se presentan en la vida diaria. La madurez psicológica nos confiere valores y objetivos comunes.

La corrupción tiene un fondo emocional que impide ver con amplitud la sociedad y el mundo en el que estamos. Si los sentimientos no tienen una justificación racional, se anula la autoestima y surge la angustia, la desesperación y la violencia.

Un individuo que ha sometido su pensamiento puede cometer actos delictivos, pierde los valores humanos y comete faltas a la ley y las buenas costumbres. El país vive momentos difíciles, un antro de corrupción que se venía ocultando desde años atrás va descubriéndose; corruptos y corruptores viven su propia realidad, la gente ha perdido la confianza en las instituciones, la justicia ha sido devastada por políticos y dirigentes corrompidos.

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