Fábrica de leyes

JUL, 13, 2020 | 00:06 - Por MANUEL CASTRO M.

Es queja generalizada que la Asamblea Nacional es un desastre, que no cumple sus funciones, aún más que allí existe corrupción. Aseveraciones en parte ciertas, pues es también causante de la crisis política, económica y moral del país, tanto porque sus integrantes no son los más idóneos como porque, no hay que negarlo, es un organismo político, que refleja las fortalezas y debilidades del país y de la exigencia de vivir en democracia, mediante la separación de poderes y  elecciones obligatorias.

 Quienes elaboran las listas de aspirantes a asambleístas, como los votantes, deben tomar en cuenta que quienes van a resultar elegidos serán legisladores, esto es, dictarán leyes. Una Legislatura no es una fábrica de ladrillos. La elaboración de una ley supone conocimientos técnicos, históricos, sociológicos, gran contextura moral del artífice. Muchos legisladores o aspirantes, creen que es suficiente saber redactar un conjunto de normas  que permitan “mandar, prohibir, permitir”. La ley, que es una norma hipotética fundamental, que luego  se aplicará en el mundo real tiene que ser general , no con dedicatorias  sino para todos; tiene que partir de las fuentes de derecho: historia, realidad y el medio en que regirá. Bien se podría decir que la ley ya preexiste.

Marcel Proust el autor de ‘En busca del tiempo perdido’ afirmaba que quien no haya leído el Código Civil mal puede escribir una novela. Tal cuerpo es la síntesis casi matemática del hombre: personas, cosas, muerte y obligaciones.  Es el  fruto de milenios de sabiduría, en el que han intervenido eximios juristas como Andrés Bello, gramáticos,  o políticos como Napoleón. Un Código Penal parte de conocer la Ciencia Penal, Criminología, la acción carcelaria, profundiza en el delito su origen,  penas  y circunstancias propias de cada país o circunscripción.

Por lo expuesto es tan difícil dictar una ley. Quienes lo hagan deben estar preparados en  campos diferentes pero indispensables. Ser modernos porque el mundo cambia  y el legislador sabio debe estar preparado no solo para el presente sino para el futuro.

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