Transición democrática

JUN, 24, 2018 | 00:25 - Por CESAR ULLOA TAPIA

César Ulloa

En un proceso de transición democrática, los pronósticos son susceptibles de error en el análisis por cuanto los cambios que se esperan no suceden de un momento a otro, ni tampoco de la forma ideal. Los cambios transcurren sobre una correlación permanente de fuerzas en las que el pasado no renuncia a sus pretensiones de seguir gobernando, además de que es muy probable que siga controlando varios espacios de poder en los niveles medios y altos. Eso, inclusive, se puede agudizar si quien impulsa el cambio no tiene un equipo amplio, fijo, ético, profesional y que se juegue por nuevas causas.

Si la transición no tiene objetivos claros, es decir conceptuales y programáticos, recursos y talentos, podría retroceder en sus proclamas y convertirse en una suerte de gatopardismo, que en otras palabras significa, que todo cambie para que todo siga igual. De ahí, la importancia de quienes impulsen los cambios consoliden una estrategia bien trazada y con pasos firmes, unifiquen el discurso, pero sobre todo que el mejor mensaje sea un conjunto de decisiones que robustezcan la democracia y la ciudadanía en pos de un nuevo estado de cosas.

Los países que salen de un estado autoritario y, en otros casos, totalitario, fenómenos inadmisibles en pleno siglo XXI, tienen como tarea principal la restauración de la democracia, pero no una que se contente, únicamente, con elecciones libres, periódicas, competitivas y universales, sino que promueva una cultura que revalorice las libertades, los derechos y las garantías que debe asumir el Estado para una vida plena de los ciudadanos, es decir, la democracia no se agota en las urnas, sino que expande los derechos en una dinámica de progresividad.

La transición hacia una democracia tiene como misión formar demócratas para que se sostenga un país, pues así no podrían volver a surtir efecto los populismos, encubiertos en himnos demagógicos con altas dosis de toxicidad e imaginativas reivindicaciones que solo sirven para llenar los bolsillos de unos cuantos bajo el membrete de revolucionarios, mesías del pueblo.

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