¡Actúa!

SEP, 15, 2019 | - Por Juan Sebastián Vargas

El Consejo de Participación Ciudadana y Control Social es uno de los peores errores que se pudieron haber cometido, copiando al modelo venezolano y entre tanto afán de poder en tiempos de Rafael y con el pretexto de “darle voz al ciudadano” crearon una organización que no tiene razón de ser, que puede ser utilizado por el caudillo de moda para su conveniencia y para que indirectamente se puedan manejar temas sensibles como la designación de autoridades por ejemplo y es que bajo esta artimaña estos caudillos pueden durante y después de sus mandatos posicionar estratégicamente en esta institución a personajes afines a sus tendencias que si bien son elegidos electoralmente la metodología ha demostrado ser poco transparente y puede confundir a cualquier elector, además hay que considerar que la mayoría de la población desconoce la trampa.

Este peligroso organismo debe desaparecer, el compromiso lo tomo desde un inicio el ya fallecido Julio César Trujillo, sin embargo, este tema no ha quedado en acefalía de hecho hay personas que han tomado la batuta como Pablo Dávila quien en los últimos meses ha venido coordinando un comité para la Institucionalidad democrática bajo el nombre de “ ¡Actúa por Ecuador!” y de esta manera sumar las 132.620 firmas que requiere la ley para que se pueda convocar a un referéndum en donde se consulte a la población su eliminación, la idea es reformar parcialmente la Carta Magna para disolver el CPCCS y sea una cámara bicameral la que elija a las autoridades de control, para todo esto tienen 180 días.

Que importante es la institucionalización del país como pilar fundamental de la democracia, no debemos inventarnos el agua tibia, en los poderes tradicionales del estado como el ejecutivo, legislativo, electoral y judicial se encuentran concentrados los derechos de la población con sus errores y con sus imperfecciones, pero aquí se representan en realidad a los ciudadanos porque al final de cuentas nosotros somos los que lo elegimos.

Es hora de que como ecuatorianos actuemos, firmemos y eliminemos lo que en realidad nunca debió existir, debemos aplaudir la gestión de Pablo Dávila y de otros personajes de gran valía como Simón Espinoza.

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