¿Qué nos queda?

OCT, 19, 2019 | - Por Freddy Rodríguez

Freddy Rodríguez

Nos queda la sensación de derrota, de frustración, de desesperanza. Nos queda la tristeza de sabernos incapaces de dialogar, de aceptar la opinión del otro, aunque difiera de la nuestra. Nos queda la angustia por no poder procesar adecuadamente los conflictos. Nos queda el ruido ensordecedor y lacerante del vidrio destrozado, de la bomba disparada, de la bala perdida, del ulular de las ambulancias.

Nos queda un reguero de la sangre de nuestros hermanos, derramada inútilmente. Nos queda el penetrante olor por la humareda de la llanta quemada, del edificio en llamas. Nos queda el dolor de ver los árboles destrozados, los parques pisoteados, las flores marchitas. Nos queda la impotencia de saber que la Constitución y la ley son letra muerta, papel mojado, cuyas normas no se aplican como debería ser, o son interpretadas a conveniencia de mezquinos intereses.

Nos queda la desconfianza en la fuerza pública, incapaz de detener la barbarie. Nos queda el terror encerrado en nuestros hogares, por haber pasado las noches en vigilia, rogando que los hampones no ingresen a lastimarnos y a llevarse nuestros bienes. Nos queda un principio de autoridad resquebrajado para siempre, una institucionalidad jurídica completamente debilitada. Nos queda la amarga certeza que, de hoy en adelante, una minoría violenta, azuzada por politiqueros de barricada, puede imponer su voluntad sobre la mayoría, y hasta dictar los lineamientos por donde deben ir las decisiones gubernamentales.

Nos queda la sensación de haber sido engañados, de haber sido partícipes de una opereta bufa, de un supuesto “diálogo” transmitido “en vivo y en directo”, mientras todos percibimos que los acuerdos, luego de un vil chantaje, se tomaron tras bambalinas, durante el receso que duró más que el diálogo. Nos queda un país dividido como nunca antes, con el racismo aflorando a su más alto nivel, ya sin tapujos ni medias tintas. Nos queda un futuro incierto, un panorama ensombrecido, un horizonte desalentador. Nos queda la mirada triste de nuestros hijos, preguntándonos cómo hacer para irse para siempre de este país. Eso nos queda, luego de los 11 días de vandalismo y barbarie.

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DIARIO LA HORA