¿Quito herida y el paro?

OCT, 20, 2019 | 00:25 - Por SARA SERRANO ALBUJA

Sara Serrano Albuja

Quito llora y reconstruye: “Dale limosna mujer que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada”.  Así  le exalto a Quito, la milenaria y solar pero también, y con todas su letras, la preciosa hija criolla de la Revolución de las Alcabalas y la de los barrios, del heroísmo de Espejo y la libertaria del 10 de Agosto de 1809. 

Quito es también la heredera del  esplendor arquitectónico  mudéjar, manierista, barroco. La de ese arabesco lejano descrito por Malba Tahan,  quien supo valorar lo que sus ojos vieron en otras latitudes y lo plasmó en su libro ‘El hombre que calculaba’. 

En el paro, Quito y sus valles vivieron una violencia en la lucha callejera nunca antes vista y un plan preconcebido de vandalismo que causó destrucción con infiltrados que ya la ciudad ubica. La respuesta represiva fue dolorosa: violencia de lado y lado. 

¿Acaso un quiteño ha ido a destruir a las ciudades latinoamericanas? Las piedras no son solo piedras, son historias que  gritan y cantan lo que somos, son nuestras luchas, nuestra identidad y deben ser respetadas así como los manantiales y tierras de las montañas, la biodiversidad o los saberes ancestrales. 

Se ofende y etiqueta de “patrimonialista”, “elitista” o “colonialista” a todo aquel que  cuestiona los ataques al patrimonio material e inmaterial de la humanidad. Los paquetazos  porque inconsultos e inequitativos y afectan a la clase media y al pueblo. 

El fascismo destruyó con prepotencia indolente la arquitectura, pisoteó vidas y lugares.  La ciudadanía quiteña está pidiendo la renuncia o remoción del Alcalde de Quito. Según el artículo 57 del Código Orgánico de Ordenamiento Territorial,  los concejales lo deciden.  Quito está de minga, sana, limpia, reconstruye, quiere paz pero no una injusta impunidad.


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