Las vidas negras importan (II)

JUL, 04, 2020 | - Por CARLOS FREILE

Estamos de acuerdo, las vidas negras importan, pero también las blancas, las rojas, las amarillas, las pardas, las cuadriculadas, si las hubiere. Toda vida humana importa, sin tener en cuenta ni el color de la piel, ni la ideología, ni la edad, ni la salud, ni la instrucción. Entre los principios de BLM se encuentra este: “Nos vemos a nosotros mismos como parte de la familia Negra global y estamos conscientes de las diferentes maneras en que estamos afectados o privilegiados como personas Negras que existen en diferentes partes del mundo.” Expresan el convencimiento de unidad étnica a nivel global, independientemente de la cultura y del nivel de vida. Sin embargo, el observador imparcial no percibe que BLM se haya preocupado de la situación de las vidas negras en Africa. Allí existe en este momento un enorme tráfico de vidas humanas negras; según la UNICEF la compra y venta de personas alcanza la cifra de varios millones, sobre todo de menores de edad.
 

Los traficantes en general son musulmanes o jefes de las tribus dominantes; en Chad, por ejemplo, miembros de los clanes arabizados compran niños a los pobres, allí los obligan a cambiar de nombre y de religión. En Mauritania los ricos “bidanes”, de origen árabe, han esclavizado a los “harratin”, de piel negra. En este país la esclavitud fue declarada ilegal en 1992, pero continúa. En Niger, cerca de dos millones de personas, el 8% de la población, viven como esclavas, a pesar de que este sistema fue abolido en 2003. Desde hace varios años se ha denunciado el aumento progresivo del número de esclavos en Sudán, en donde rige la ley musulmana, la sharia; muchos de ellos son importados desde otros países y tienen piel negra. El precio de los niños varía de manera impresionante: desde 20 hasta 3.500 USD, dependiendo de la edad, de la condición física y, reprimamos la imaginación, de los fines para los que son adquiridos.
 

Estos no son hechos de siglos pasados, sino de hoy. Pero los grandes medios que dirigen la opinión pública mundial callan. Nos preguntamos ¿por qué? ¿Quién se beneficia?

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