Base de Manta

FEB, 28, 2021 | 10:57 - Por Juan Sebastián Vargas

En pleno fulgor de la campaña electoral de Rafael Correa por el año 2006 su estrategia se basó principalmente en atacar a la famosa partidocracia, a los pelucones, a la derecha, al imperialismo e incluso sacaron un spot publicitario con la canción del argentino Diego Torres ‘Color esperanza’, que de paso fue reclamada por el cantautor.

Era un momento de inflexión en el país, la gente venía cansada de la clase política de ese momento, queríamos dejar atrás a Febres Cordero, Nebot, Borja, Lucio y compañía, quién diría después que “la cura resultó peor que la enfermedad”.

De todas formas era el momento preciso y Correa lo aprovechó e incrustó su mensaje en gran parte de la población con un verbo enceguecedor, entre otros ofrecimientos y uno de los más importantes era  desmontar la Base de Manta con ese profundo “nacionalismo” y ese supuesto amor a la patria prometió que sacaría a los gringos del país y que recuperaría la soberanía, y más del 60% del Ecuador lo alababa y lo vitoreaba, era una especie de redentor y salvador de la patria, así como estamos acostumbrados en Latinoamérica a tener esos líderes folclóricos que bailan, gritan e insultan pero que supuestamente ¡están con el pueblo!

Correa llegó al poder, prohibió la presencia de bases extranjeras en el país e incluso lo colocó en la Constitución aprobada en el 2008 y hecha a su medida, la historia que sigue ya la conocemos.

Diez años después el narcotráfico fue apoderándose de las provincias costeras principalmente Manabí y Esmeraldas, la capacidad del Ecuador ha sido siempre muy limitada para poder controlar el tráfico de drogas y esto permitió que el problema se disperse como un cáncer, hoy las cosas parecen haberse salido de las manos, la delincuencia organizada ha echado raíces en las instituciones y en la sociedad, es ahí cuando nos damos cuenta de las decisiones equivocadas y de los “nacionalismos” absurdos. Mantener la Base de Manta hubiese sido de gran apoyo en la lucha contra el crimen. Muy tarde para lamentarnos.

COMENTA CON EL AUTOR

www.lahora.com.ec