Universidad y sociedad

JUL, 22, 2018 | 00:20 - Por RICHARD SALAZAR MEDINA

Richard Salazar Medina

Toda institución tiene una función social. La de la universidad es la reflexión, la producción de conocimiento y la enseñanza especializada en las distintas ramas de la ciencia, promoviendo una cultura humanística; es decir, partiendo del principio de que el ser humano labra su propio camino e historia. La universidad es entonces el espacio de permanente ejercicio de análisis, crítica, autocrítica y propuesta. Por ello, es necesario que tenga dos características fundamentales: la autonomía de los poderes políticos y fácticos (incluidas las religiones) y el contacto permanente con la sociedad y sus problemáticas.

La primera, la autonomía universitaria, es condición esencial. Sin autonomía no puede investigar y desarrollar el pensamiento. Un caso histórico que lo demuestra es el de Galileo, que fue obligado a abjurar de su idea de que la Tierra gira alrededor del sol, ya que ello contradecía los designios de la Iglesia. Lo que le esperaba, si no abandonaba su opinión, era la hoguera. El poder, entonces, debe comprender y respetar el rol de la universidad, ya que sin autonomía universitaria no hay progreso del pensamiento, ni innovación, ni democracia.

La segunda, el contacto con la sociedad, es el origen de toda reflexión. Una universidad alejada de los problemas de los diversos grupos sociales carece de sentido. Las exigencias de los movimientos sociales son el motor de evolución de las sociedades, por lo cual, no solo la universidad sino los gobiernos, deben estar en permanente contacto y diálogo con ellos, dando lugar al debate y la propuesta.

Pero no solo los gobiernos deben comprender el gigante rol de la universidad y la educación, sino las propias autoridades universitarias, dando oportunidad a los más competentes y creativos. Si hay un espacio donde el mérito debe ser promovido, ese es ciertamente el universitario. 

No obstante, en el Ecuador de las últimas décadas han llegado a algunas universidades personas funcionales a los poderes (políticos, fácticos o internos, que también son fácticos); se han acomodado y han desmerecido su rol histórico. El resultado es inevitablemente la mediocridad, el subdesarrollo y la fuga de cerebros. ¿Para qué se van a quedar los más competentes si son minimizados o no reconocidos, arriesgando además el futuro de sus familias? Universidad, un tema a pensar a fondo, creando normativa apropiada a su rol enorme en la sociedad.


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