Ángela

SEP, 18, 2020 | - Por Paco Moncayo Gallegos

Una de las secuelas más dramáticas de la actualidad es la de los campamentos de refugiados sirios, que han logrado salvar sus vidas de una lucha fratricida que, en pocos años, convirtió sus sueños en una pesadilla.

La tragedia de Siria muestra un patrón común de países que vivieron lo que pomposamente se calificó como ‘Primaveras Árabes’, convertidas en inviernos de caos social, luchas tribales, Estados fallidos y masacres genocidas. En Túnez se produjo el primer episodio, cuando en diciembre de 2010 Mohamed Bouazizi se inmoló en protesta de los abusos de la policía. El presidente Abidine Ben Ali se vio obligado a abandonar el poder y el país. En febrero de 2011, le tocó el turno al presidente de Egipto Hosni Mubarak y, posteriormente, al coronel Gadafi, en Libia. Cuando se intentó replicar en Siria, el golpe terminó en fracaso. 

Los resultados: Libia devastado por sangrientos conflictos; Egipto, tras el triunfo electoral de los Hermanos Musulmanes, un nuevo golpe de Estado y una nueva dictadura militar; Yemen convertido en campo de batalla de potencias regionales; y, Siria, con decenas de miles de muertos y millones de desplazados, enredado en una guerra civil interminable. 

En estos días, el incendio del campo de refugiados de Moria, en la isla de Lesbos, Grecia, donde viven en condiciones inhumanas más de 13 mil  víctimas de la guerra, trajo estos episodios a la memoria. Cabe destacar el inteligente liderazgo de la Canciller Ángela Merkel, que tras instar a los gobiernos de Europa a asumir sus responsabilidades, anunció que su país recibirá a 408 familias, esto es a 1.553 personas, además de 150 menores no acompañados.

Y el pasado domingo, ante la conferencia del Comité Judío-Americano, calificó al racismo y al antisemitismo como incompatibles con los valores fundamentales en los que se basa el Estado alemán y se comprometió a actuar contra estos males sociales, así como contra el odio, en las calles y en redes sociales. Bien por Ángela Merkel; cómo hacen falta líderes y lideresas como ella en este mundo asolado por pandemias virales y de ejercicio soberbio del poder.

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